La One Belt, One Road Initiative o BRI pretendía en su origen desarrollar la presencia de China en Eurasia con un plan de infraestructuras terrestres, aéreas y marítimas combinadas, aunque sería ingenuo pensar que solo buscaba poner a la vanguardia de la ingeniería o del comercio a Pekín.

Más bien esta iniciativa planea el dominio mundial adquiriendo los principales nodos de comunicación y un mejor apalancamiento geopolítico con una posible trampa de deuda para numerosos países, donde China ya ha comprometido de por vida a sus diferentes gobiernos a cambio de recursos e infraestructuras.

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