Jama'at Nasr al-Islam wal Muslimin (JNIM) y el Front de Libération de l’Azawad (FLA) han lanzado una serie coordinada de ataques en el norte, el centro e incluso el sur de Malí. Más que una nueva incursión localizada, la operación parece haber sido planificada para poner al descubierto la vulnerabilidad de la junta encabezada por Assimi Goita. Los ataques no solo han sido un revés táctico para Bamako, sino un potencial punto de inflexión en la lucha por el poder en el país. 

Rebeldes tuareg del FLA entrando en Kidal, Mali. Foto: AFP
Rebeldes tuareg del FLA entrando en Kidal, Mali. Fuente: AFP

Una ofensiva inesperada

La ofensiva comenzó el 25 de abril con el anuncio del FLA de una serie de operaciones destinadas a tomar posiciones militares en Kidal y sus alrededores, afirmando que sus combatientes ya habían entrado en la ciudad. 

Casi al mismo tiempo, se informó de ataques contra posiciones del ejército maliense en Gao y Sevaré, mientras que se producían ataques contra el aeropuerto Midobo Keita en Sénou (cerca de Bamako), el aeropuerto de Sevaré, la comisaría de Kati e incluso la residencia del ministro de Defensa maliense. 

Las primeras imágenes que comenzaron a circular mostraban a combatientes del FLA controlando vehículos blindados en Kidal y ocupando posteriormente la rotonda central de la ciudad, mientras que miembros de JNIM fueron filmados dentro del municipio exhibiendo sus propias banderas sobre vehículos capturados. De esta manera, quedaba claro que el asalto sobre Kidal había sido simultáneo y conjunto, con ambas organizaciones combatiendo codo con codo dentro de la localidad. 

A medida que avanzaba la jornada, los ataques se expandieron con rapidez. Jama'at Nasr al-Islam wal Muslimin tomó la principal base militar de Sévaré y desplazó refuerzos hacia la ciudad, mientras continuaban los combates urbanos.

En Gao, combatientes del FLA y JNIM fueron vistos moviéndose por las calles y tomando el control de la posición militar de Wabaria, que asegura el puente situado al sur de la ciudad. Al menos un helicóptero fue derribado en las inmediaciones de Gao.

Al caer la tarde, fuentes rusas comenzaron a difundir que el personal de Africa Corps estaba sometido a una fuerte presión en Gao, al tiempo que aseguraban haber contribuido a repeler los ataques en torno a Kati y seguir combatiendo junto a las fuerzas malienses en Sevaré. 

El enemigo de mi enemigo es mi amigo

Lo que resulta especialmente significativo es la absoluta coordinación entre el FLA y el JNIM. Tanto Kidal como Gao fueron atacadas mediante una operación planificada conjuntamente por ambos actores. La sincronización de los ataques en Kidal, Gao, Sevaré, Kati, Sénou y Bamako apunta a una planificacion que va más allá del mero oportunismo en el campo de batalla. 

El objetivo inmediato parece evidente: expulsar a las Fuerzas Armadas de Mali y a las fuerzas rusas del Africa Corps de los principales núcleos urbanos del norte del país, mientras se satura la capacidad de la junta militar para enviar refuerzos desde la capital. 

Los términos políticos a largo plazo de esta cooperación, sin embargo, siguen siendo inciertos. ¿Quién controlará ahora qué territorio y bajo qué orden político? La orientación separatista del FLA y el proyecto yihadista de JNIM son estructuralmente divergentes, por lo que la cooperación para estar impulsada, al menos en el plano más inmediato, por un interés común en debilitar a Bamako, más que por la existencia de una visión estratégica plenamente compartida. Una coalición temporal en el campo de batalla sigue siendo más plausible que una alianza permanente.

Golpe moral y táctico a la Junta Militar

Las consecuencias inmediatas fueron tanto militares como psicológicas. Kidal ha quedado bajo control del FLA, después de que el personal ruso negociara una salida segura. Otras localidades del norte como Tessit, Intahaka y Ber también fueron entregadas mediante retiradas negociadas. 

Aunque es improbable que se vaya a producir un colapso del Estado maliense, la efectividad de los ataques es una demostración contundente de que el actual dispositivo militar no ha logrado restablecer el control estratégico sobre el país. En el plano político, la herida es aún mayor. El ministro de defensa maliense, Sadio Camara, murió después de un ataque directo contra su residencia. 

En el caso de Africa Corps, la versión oficial ha estado más orientada a minimizar daños, publicando imágenes de sus operaciones aéreas y combates para repeler los ataques del FLA y JNIM. Sin embargo, su posición ha quedado ciertamente deslegitimada después de su retirada negociada. 

En definitiva, la situación en Mali ha entrado en una fase aún más volátil. La verdadera preocupación reside en si actores insurgentes como JNIM o el FLA son capaces de adaptarse más rápido de lo que el Estado puede reaccionar. Incluso si esta convergencia resulta temporal, la operación demostró claros defectos en la estrategia de seguridad de las Fuerzas Armadas malienses y sus socios rusos. 

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