En la madrugada del 2 de julio de 2025, el zumbido irritante de los drones Shahed volvía a asolar la capital ucraniana, Kiev. Rusia había lanzado un nuevo ataque a gran escala y en el gobierno de Volodomyr Zelensky se respiraba un ambiente tenso ante la escasez de sistemas de defensa aérea. Mientras trataban de recuperarse de una nueva noche complicada, un anuncio procedente de Washington hacía saltar todas las alarmas. 

El Pentágono suspendía unilateralmente el envío de un paquete de ayuda militar clave para defender los cielos ucranianos. La decisión retumbó no solo en Kiev, sino también en Berlín, Londres y en la sede de la OTAN en Bruselas. No hubo advertencia previa. Los envíos de 90 misiles aire-aire AIM y 30 interceptores Patriot PAC-3 se habían suspendido sin aparente explicación. 

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