Corea del Norte es uno de los Estados más misteriosos del mundo, tanto es así, que el público general suele desconocer el funcionamiento del país más allá de la figura de la dinastía Kim, los fastuosos desfiles militares y las pruebas de sus misiles nucleares. 

El miedo, la principal herramienta de control del régimen, ha sido implementado no solo a través de la propaganda sino también a través de la relación entre calidad de vida y la lealtad para con el régimen, que en última instancia llega a definir según tu posición el destino que termina asumiendo tanto el individuo como sus descendientes.

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Kim Jong-un en una visita a una escuela.

Esta clasificación de la lealtad no se realiza de manera aleatoria, sino que está sistematizada a través del Chulsin-Songbun, el cual divide a la población norcoreana en tres castas que clasifican su posición social en el país. Estas son la de los “leales”, los “vacilantes” y los “hostiles”. 

El sistema nació en los años 50 del pasado siglo y segregó en primera instancia a los ciudadanos por su papel durante la ocupación japonesa y posteriormente durante la revolución. Corea del Norte es un país donde los delitos y las faltas se heredan, lo que hace que la movilidad social en este sistema esté sumamente limitada.

Pyongyang, la capital del país, ser erige como la gran urbe donde se concentra no solo el poder, sino también la mayoría de los servicios de la nación y es que la ciudad es el gran escaparate de la supuesta utopía de la ideología Juche hacia el mundo. 

Desde la llegada al poder de Kim Jong Un, se ha intensificado la inauguración de nuevos apartamentos y zonas de ocio que han terminado de transformar del todo la vista aérea de la ciudad. 

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La dinastía Kim ha gobernado ininterrumpidamente desde 1948 hasta la actualidad, pasando el mando por tres generaciones (abuelo, padre y nieto).

Vivir en Pyongyang no es una elección, es un privilegio. En Corea del Norte el control sobre la población es total y exhaustivo, lo que limita incluso la capacidad de movimiento interno por el país. 

La concesión de un puesto de trabajo y de una casa en la capital es concebida como una recompensa para aquellos que han sido durante generaciones fieles al régimen y que han demostrado su valía a la hora de contribuir a los esfuerzos nacionales planteados por el líder supremo. 

El acceso a los recursos, delimitado por un sistema de lealtad, hace que el terror y la paranoia sean siempre constantes en un país que realiza ejecuciones públicas y en el cual las denuncias entre ciudadanos son incentivadas por parte de las actividades para acabar con cualquier tipo de actividad subversiva. 

La labor de ingeniería social que realiza la combinación entre el Songbun y Pyongyang es clave para mantener el control en un Estado tan autocrático y peculiar como lo es Corea del Norte. 

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Fidel Castro Ruz, líder de la revolución cubana, visitó temporalmente la RPDC en marzo de 1986 y se reunió con el presidente Kim Il Sung. 

Así lo demuestran los momentos en los que el régimen se encontraba en una posición de debilidad. La caída de la Unión Soviética y de su espacio geopolítico en la década de los 90 provocó una de las mayores hambrunas en la historia del país, en la cual se estima que murieron de hambre varios millones de personas. 

Sin embargo, pese a ello, el Songbun y el culto a la personalidad al líder supremo permanecieron intactos. La sistematización del terror hace que la población busque huir del mismo, por lo que la existencia de oasis y de tierras prometidas que alejen a los ciudadanos de las penurias es igual de importante que el ejercicio de la vigilancia. 

Pyongyang es para los norcoreanos un destino de vida, una demostración tanto pública como privada del estatus que han logrado. La centralización del poder tanto político, como social, como económico, hace que los ciudadanos se encuentren en una eterna competición por demostrar su valor para la ideología Juche y su gobierno. 

Es irónico pero el Songbun, un sistema que pretende mantener al régimen comunista totalitario, se basa en una de las máximas del capitalismo, la competición individual dentro de la masa. 

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Mural representando a los distintos componentes del ejército norcoreano.

Corea del Norte es un Estado que cuanto más ahondas en él, más te das cuenta de que no funciona como un país comunista al uso como los vistos en el siglo XX. La interpretación realizada desde la perspectiva Juche no es más que una continua adaptación de los preceptos colectivistas a las peculiaridades culturales de una sociedad con una historia como la de Corea.  

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