Con la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, el mensaje que ha dado a Europa es claro. Ucrania es un problema europeo y Estados Unidos se desentiende. La prioridad de Trump es conseguir la paz que prometió en campaña y el tipo de paz que se consiga es una preocupación secundaria. Esto choca frontalmente con los intereses de la UE, que habían hecho de la derrota de Rusia y la defensa de la integridad territorial de Ucrania su prioridad en el conflicto. 

Desde la invasión rusa de febrero de 2022, la UE ha intensificado su apoyo a Ucrania mediante ayuda económica, militar y política, pero la cuestión de las garantías de seguridad sin el apoyo estadounidense sigue generando muchas dudas tanto en Bruselas como en Kiev. La adhesión de Ucrania a la OTAN proporcionaría la forma más robusta de garantía de seguridad, pero con Estados Unidos descartando esta opción, la UE debe explorar alternativas viables que puedan ofrecer a Ucrania una protección realista.

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