Ruanda: de la tragedia a la prosperidad
El sol asoma por las colinas ruandesas y un nuevo día comienza en Kigali, la capital del país. Poco a poco, las calles se llenan de coches modernos y motocicletas eléctricas, así como de residentes que se desplazan en bicicletas que pueden ser alquiladas a través de una aplicación, un avance del que no todas las ciudades españolas pueden presumir. Aquellos que optan por la motocicleta lo hacen sin interrumpir el descanso de quienes aprovechan la mañana del sábado para dormir: hace unos meses, el gobierno prohibió el uso de "moto-taxis" con motor de gasolina, obligando a "descarbonizar" este popular medio de transporte.
Pronto las zonas “car free” del centro de la ciudad empiezan a cobrar vida, mientras decenas de residentes disfrutan en familia y con amigos de las agradables temperaturas mañaneras. Si no fuera por las banderas ruandesas que coronan los edificios públicos, uno no pensaría que se encuentra en África Oriental, en un país rodeado por algunas de las naciones más pobres e inestables del planeta, como la República Democrática del Congo, Burundi o Uganda. Con todo, lo que resulta aún más difícil de imaginar es que, hace tan solo 30 años, este país sufrió un genocidio que se cobró la vida de más de 800.000 personas.
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