Elecciones en Alemania: la CDU y el cordón sanitario
El 29 de enero de 2025, Friedrich Merz, líder de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y presumiblemente futuro canciller de Alemania, decidió dar un giro estratégico que sacudió uno de los cimientos en los que se asentaba la política alemana en tiempos recientes, al permitir que una moción sobre inmigración fuera aprobada en el Bundestag con los votos de Alternativa para Alemania (AfD).
Esta decisión marcó la ruptura del llamado Brandmauer o cordón sanitario, un acuerdo tácito entre los partidos democráticos alemanes para no colaborar con la extrema derecha. Este cambio de estrategia ya sería suficientemente relevante de por sí, pero que ocurriera a menos de un mes de las elecciones, elecciones en las que Merz parte como favorito, puede suponer un antes y un después en la campaña y, por tanto, en la historia de Alemania.

Los hechos
La moción, presentada por la CDU/CSU, pedía endurecer las políticas migratorias, incluyendo el rechazo de solicitantes de asilo en las fronteras y el aumento de deportaciones. La propuesta fue aprobada por un estrecho margen de 348 votos a favor y 345 en contra, gracias al apoyo crucial de la AfD. Esta es la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que un partido mayoritario acepta el apoyo de la extrema derecha para aprobar una legislación a nivel nacional.
La moción no era vinculante, pero las consecuencias de su aprobación se hicieron sentir rápidamente. Se produjeron manifestaciones por todo el país para protestar contra la ruptura del cordón sanitario e incluso surgieron voces criticas dentro de la propia CDU, como la de la excanciller Angela Merkel, que volvió a aparecer en el debate público para unirse a las críticas del resto de partidos y calificar la decisión de Merz como un "error". Así pues, al poco de aprobarse la moción se hizo evidente que la “jugada” no contaba con todo el apoyo del partido y generaba importantes divisiones internas.
Apenas dos días después de este controvertido episodio, el 31 de enero, Merz profundizó en su estrategia presentando una nueva moción, está vez ya vinculante, que era similar a la primera aunque rebajando algunas de sus propuestas iniciales. Sin embargo, esta vez el Bundestag rechazó la propuesta con 350 votos en contra frente a 338 a favor. Teniendo en cuenta que el resto de partidos se oponían a la medida y que la AfD volvió a votar a favor, este rechazo solo se explicaba por un motivo; dentro de la CDU había parlamentarios que votaron en contra de su propia moción. Este revés demostró que la ruptura del cordón sanitario no era un camino fácil ni aceptado por la mayoría parlamentaria, y evidenció las tensiones y complejidades del nuevo escenario político que se había creado, dejando a Merz en una posición de debilidad.
Un movimiento tan arriesgado como el que ejecutó Merz responde a varias cuestiones. La primera es que AfD va segunda en las encuestas con un porcentaje de voto de entorno al 20% y su plataforma se centra, casi de manera exclusiva, en la inmigración. Es evidente que el discurso antimigratorio tiene apoyo entre un buen grupo de votantes y ya sabemos que la inmigración es una de las principales preocupaciones de los alemanes en este ciclo electoral. Así, Merz pretendía mostrar su dureza con la inmigración para disputarle electorado a Alternativa para Alemania. La CDU de Merz ya venía planteando desde hace tiempo un discurso migratorio duro, pero desde la AfD se le acusaba principalmente de que ese discurso era solo eso, retórica, y que cuando llegara al poder realmente no aplicaría esa mano dura que prometía. Con ambas mociones Merz pretendía demostrar que realmente iba en serio y estaba dispuesto a actuar contra la inmigración.

Asimismo, cabe destacar que el contexto era favorable. Poco antes de las mociones un refugiado afgano había matado a dos personas (una de ellas un niño de dos años) en un ataque con un cuchillo en la ciudad de Aschaffenburg. Este hecho se une a otros similares en Mannheim, Solingen o Magdeburgo, lo que provocó un escenario propicio para plantear medidas contra la inmigración y la acogida de refugiados. Así pues, Merz pretendía también retratar a los socialdemócratas y los verdes, que en un momento de máxima tensión iban a votar en contra de medidas que se planteaban como necesarias para garantizar la seguridad de los ciudadanos alemanes.
Sin embargo, la jugada no le salió bien a Merz y el debate se centró más en la división interna del partido que en las medidas propuestas o la posición de los socialdemócratas al respecto. Pocos días después el líder de la CDU defendió que “nunca” trabajaría con la AfD, “ni antes, ni durante, ni después” de las elecciones. De hecho, defendió que AfD era su mayor rival en el próximo plebiscito de febrero.
Este discurso era el que Merz había venido manteniendo. Para él, ningún cordón sanitario se había roto, simplemente los dos partidos habían votado lo mismo sin estar coordinados, una simple coincidencia. En cualquier caso, la polémica ya estaba servida y ha afectado a la fortaleza de Merz. En las encuestas recientes, la CDU continua líder con un gran margen y, salvo sorpresa mayúscula y error demográfico catastrófico, Friedrich Merz será el próximo canciller de Alemania.
Si bien es cierto que, desde la polémica de las mociones, ha perdido aproximadamente un 2% en intención de voto y AfD continúa subiendo, por lo que si el objetivo era frenar su ascenso y disputarles electorado, solo podemos concluir que el movimiento ha sido un fracaso, al menos de momento.

Política en tiempos revueltos
La controversia sobre el cordón sanitario es una muestra más de la dificultad de los partidos tradicionales a la hora de abordar el debate sobre la inmigración. El asunto se ha colocado en el centro del debate público, y desde la derecha conservadora sienten la presión de los partidos de extrema derecha. De esta manera, la CDU se debate entre asumir sus demandas para acabar con ellos electoralmente u oponerse y tratar de excluirlos del sistema.
Desde la izquierda las ideas tampoco están claras. Se reconoce que la sociedad percibe un problema, pero endurecer el discurso contra la inmigración supondría una claudicación contraria a los valores que tradicionalmente han defendido. Sin embargo, las políticas favorables a la acogida ya no encuentran apoyo entre el electorado alemán.
En medio de esta tensión, con una situación económica difícil, Alemania acude a las urnas. En pocos días veremos qué rumbo deciden tomar los alemanes en unos comicios que tendrán enormes consecuencias no sólo domésticas, sino para toda Europa.
