La corrupción en África, un sistema estructural que cuesta millones de vidas
Sería un error leer este artículo como un retrato de patologías exclusivamente africanas. Porque no se puede negar que la corrupción es un fenómeno global. Según el Índice de Percepción de Corrupción Internacional de 2025, el promedio mundial cayó por primera vez en más de una década hasta los 42 puntos sobre 100 —la puntuación de un país es el nivel percibido de corrupción en el sector público en una escala de 0 a 100, donde 0 significa muy corrupto y 100 significa muy transparente—, donde democracias consolidadas como Estados Unidos (64), Reino Unido (70), Francia (66) o España (55) también registran retrocesos. Europa no es inmune. El Parlamento Europeo arrastra desde 2022 el "Qatargate/Marruecosgate", al que se sumaron en 2025 el "Huaweigate" y la condena a Marine Le Pen por desvío de fondos europeos.
Sin embargo, África subsahariana sigue siendo, año tras año, la región peor evaluada del planeta en materia de corrupción, con un promedio de 32 puntos y solo cuatro de sus 49 países por encima del umbral de 50. Lo que hace que la diferencia respecto a Bruselas no sea moral, sino estructural. En Europa, la corrupción es una anomalía del sistema; en muchos países africanos, es el sistema. Y los resultados se miden en consecuencias graves, en hambrunas, en recursos expoliados.
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