Esteve Girbés, Iván

Common Security and Defence Policy Expert (CSDP-EU)


El 18 de diciembre, el Secretario de Defensa Lloyd Austin III anunció el inicio de la Operación Guardián de la Prosperidad, un llamado a la acción en respuesta a la constante amenaza de un actor no estatal (los Hutíes) que lanza misiles balísticos y vehículos aéreos no tripulados (UAV) contra buques mercantes en aguas internacionales. La necesidad de proteger el principio fundamental de la libertad de navegación se convirtió en una prioridad urgente.

Liderada por la Fuerza de Tarea Combinada 153, establecida en 2022 como parte de las Fuerzas Marítimas Combinadas de la Quinta Flota de EE. UU., Prosperity Guardian se inició con el compromiso de diez naciones. Sin embargo, la respuesta inicial fue variada, con algunas naciones vacilando en su apoyo mientras otras, como Estados Unidos, movían sus fuerzas a la zona, incluido el traslado del portaaviones USS Dwight D. Eisenhower y su grupo de ataque.

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Pedro Sánchez recibe a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen (05/03/2022). Fuente: La Moncloa

Esta incertidumbre inicial se reflejó en las acciones de las principales compañías navieras, que informaron de falta de información y acciones coordinadas. Ante esta situación, Francia tomó la iniciativa, utilizando la fragata Languedoc para escoltar barcos del grupo CMA CGM, marcando un hito en la seguridad de las rutas comerciales.

El 20 de diciembre, el CMA CGM Aqaba, escoltado por la fragata francesa, se aventuró hacia el sur desde el puerto homónimo, apagando su AIS frente a la costa de Yemen antes de reaparecer en el golfo de Adén al día siguiente. Este movimiento estratégico marcó el inicio de una serie de escoltas, con Francia, Italia y España anunciando operaciones independientes en apoyo a la seguridad regional.

Mientras tanto, Estados Unidos orquestó el movimiento de sus barcos con bandera estadounidense, destacando la complejidad logística en medio de la incertidumbre. El USS Dwight Eisenhower y varios barcos estadounidenses se desplazaron estratégicamente en el Golfo de Adén, con aviones de Carrier Air Wing 3 proporcionando cobertura superior y destructores estadounidenses sirviendo como escoltas.

En una demostración de fuerza que evoca imágenes de narrativas cinematográficas, los convoyes estadounidenses lograron navegar contra los hutíes. Sin embargo, la presencia enemiga se hizo evidente con ataques a petroleros noruegos e indios, revelando una nueva dimensión en el conflicto. El USS Laboon reportó la interceptación de drones, marcando posiblemente el primer enfrentamiento entre hutíes y una fuerza de guerra estadounidense.

La Operación Guardián de la Prosperidad se desarrolla en un escenario volátil, donde la seguridad de las rutas comerciales, las nuevas estrategias de escolta y los riesgos inesperados plantean desafíos cruciales. Este relato, marcado por decisiones estratégicas y enfrentamientos inesperados, subraya la urgente necesidad de proteger el flujo ininterrumpido del comercio global en medio de las aguas turbias de la geopolítica actual. En este aspecto, destacan tres factores clave que están redefiniendo la dinámica del comercio y planteando desafíos significativos:

Aumento del costo del transporte: Los recientes ataques hutíes han desencadenado un aumento sustancial en los costos asociados con el transporte marítimo. Las líneas de contenedores, en particular, han experimentado un cambio dramático en el panorama de riesgos, llevando el seguro contra riesgos de guerra del 0.02% al 0.7%. Para buques valorados en cientos de millones de dólares, este incremento implica costos adicionales significativos, generando un impacto directo en la rentabilidad del transporte de mercancías.

La magnitud de los ataques ha justificado esta elevación en las primas de seguro. Un petrolero Suezmax puede albergar aproximadamente 1 millón de barriles de petróleo, traduciéndose a un valor total de carga impresionante de 80 millones de dólares, considerando el precio del barril a 80 dólares. Sin embargo, en un espectro aún más vasto, un buque de contenedores de 10.000 TEU, como el Maersk Gibraltar, tiene la capacidad de transportar cargas valuadas en cientos de millones de dólares. 

La inversión en un buque de 500 millones de dólares resulta en un sobrecosto de 3,5 millones de dólares, obligando a las líneas de contenedores a reconsiderar sus estrategias de seguridad y a evaluar cómo esto afectará sus operaciones a largo plazo.

Buque de transporte Maersk Line en Algeciras. Autor: José Sáez
Buque de transporte Maersk Line en Algeciras. Autor: José Sáez

Nuevas rutas comerciales: La respuesta de las principales líneas de contenedores y petroleros ante la creciente inseguridad ha sido la búsqueda de rutas alternativas. El cambio hacia el largo viaje de 3,500 millas náuticas alrededor de África indica un redireccionamiento significativo en la distribución de mercancías.

Este ajuste no sólo plantea preguntas sobre la sostenibilidad y eficiencia de estas nuevas rutas, sino que también introduce la posibilidad de cambios en los flujos comerciales tradicionales. La concentración de barcos zarpando desde Europa y la incertidumbre sobre la reanudación segura del comercio tras la Operación Prosperity Guardian sugieren que la estabilidad aún está lejos de alcanzarse.

Peligros para la carga con destino a Europa y el punto de estrangulamiento del petróleo: La retirada de líneas importantes como Hapag-Lloyd de las operaciones comerciales en esta arteria oceánica entre Europa y Asia destaca la persistencia de riesgos.

La significativa disparidad en el número de barcos que parten desde Europa en comparación con los provenientes de Asia, y la logística detrás de estas operaciones, implica que los buques europeos regresen con contenedores vacíos hacia Asia, un proceso necesario para reabastecerse en esa región. 

Autor: Kcida10
Contenedor de transporte marítimo Hapag-Lloyd. Fuente: Kcida10

Sin embargo, dado que la mayoría de la flota de Maersk realiza la travesía más extensa alrededor de África, esta devolución estándar de contenedores vacíos podría poner en riesgo las cargas con destino a Europa y otros destinos en el primer trimestre del nuevo año.

Por otro lado, los barcos que parten de Asia hacia Europa siguiendo la ruta convencional podrían marcar el inicio de un servicio premium, dado que se observa que las navieras imponen recargos en rutas de mayor duración. En el contexto de la crisis de la cadena de suministro, el servicio exprés y la capacidad de avanzar en la fila requerían pagos sustanciales, destacando la importancia estratégica y económica de la optimización de rutas en el actual escenario marítimo.

El punto de estrangulamiento del petróleo, en el Estrecho de Ormuz, emerge como una amenaza adicional. La posibilidad de ataques en esta ubicación crítica, a través de la cual transita la mayoría de los petroleros de la Península Arábiga, podría desencadenar no solo un aumento en los precios mundiales de la energía, sino también una crisis económica a escala global.

La respuesta caótica de la UE y la hipocresía española

La respuesta de la Unión Europea ante la "Operación Guardián de la Prosperidad" de Estados Unidos ha sido todo menos coherente, sumiendo a la región en un caos diplomático y estratégico. Inicialmente, la UE insinuó su participación a través de la operación Atalanta, pero este gesto de cooperación se desvaneció en medio de un giro dramático liderado por España.

El presidente estadounidense, Joe Biden, no dudó en llamar al primer ministro español, Pedro Sánchez, para abordar el sorpresivo bloqueo de la decisión por parte de España. Este giro, que desató una serie de eventos desconcertantes, revela un cambio abrupto en la posición de la UE.

La génesis de esta confusión se remonta al miércoles pasado, cuando el Comité Político y de Seguridad de la UE acordó unirse a la misión estadounidense en el Mar Rojo como una extensión de la misión Atalanta de la UE, que históricamente ha combatido la piratería frente a las costas de Somalia. El vicealmirante español Ignacio Villanueva, a cargo de la misión Atalanta, expresó su apoyo a esta colaboración en una publicación posteriormente eliminada.

Sin embargo, el viraje de España el jueves, representada por la embajadora Elena Gómez Castro,  vetando la modificación del mandato de Atalanta, ha dejado a la UE en una posición delicada. Las razones detrás de este cambio repentino son motivaciones políticas y partidistas, que sugieren que la vicepresidenta española, Yolanda Díaz, critica la "enorme hipocresía" de Occidente al proteger intereses comerciales sin abogar por un alto el fuego en Gaza.

El bloqueo de España ha sido calificado de ridículo, especialmente después de que los veintisiete embajadores europeos aprobaran la propuesta de Josep Borrell, Alto Representante de la UE para la Política Exterior, para un cambio limitado en el mandato de Atalanta. Este cambio buscaba intensificar el intercambio de información y aumentar la presencia naval en coordinación con la operación estadounidense.

El veto español en el consejo posterior a la aprobación de los embajadores ha generado críticas, siendo calificado como un acto más político que fundamentado en razones estratégicas. Esta disonancia en la respuesta de la UE refuerza la percepción de una falta de cohesión y decisión, dejando abierta la interrogante sobre la capacidad de la Unión Europea para enfrentar desafíos geopolíticos de manera efectiva.

Este episodio pone de manifiesto la necesidad urgente de una respuesta unificada y clara por parte de la UE en situaciones críticas, evitando así la proyección de una imagen de división y debilidad en la arena internacional.

Reformas necesarias

La Unión Europea, como entidad geopolítica, se encuentra en una encrucijada donde la coordinación efectiva es esencial para abordar amenazas emergentes y proteger los intereses colectivos de sus Estados miembros. La falta de unanimidad en decisiones cruciales, como la participación en operaciones internacionales de seguridad marítima, debilita la posición de la UE en la escena global.

Una respuesta unificada no sólo fortalecería la imagen de la UE como un actor geopolítico cohesivo, sino que también enviaría un mensaje claro a los demás actores internacionales. La cohesión en momentos críticos demuestra la capacidad de la UE para abordar desafíos con determinación y eficacia, mostrando al mundo que puede actuar de manera concertada para proteger sus intereses comunes.

Además, esta situación destaca la necesidad de mecanismos más eficaces y ágiles para la toma de decisiones dentro de la UE. La capacidad de respuesta de la Unión Europea frente a eventos inesperados o crisis geopolíticas depende en gran medida de su capacidad para tomar decisiones rápidas y consensuadas. La revisión y mejora de estos procesos sería esencial para garantizar una respuesta más ágil y eficiente en el futuro.

En última instancia, la UE enfrenta el desafío de equilibrar la autonomía de sus Estados miembros con la necesidad de una acción conjunta en temas cruciales para la seguridad y estabilidad de la región. Superar estos desafíos requerirá un compromiso renovado con la cooperación, la transparencia y la eficacia en la toma de decisiones, asegurando así que la Unión Europea pueda desempeñar un papel clave en la gestión de los asuntos globales de manera efectiva.

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