El gobierno de Brasil anunció este mes la apertura de una oficina de asesoría tributaria en Beijing, en lo que representa un paso estratégico para fortalecer la cooperación fiscal y comercial con China [1]. El nuevo despacho se enfocará en temas aduaneros e impositivos, con el objetivo de agilizar el intercambio de información, combatir el fraude fiscal y brindar mayor seguridad jurídica a empresas e inversores brasileños que operan en el país asiático.

Aunque el Ministerio de Hacienda asegura que la medida no responde a motivaciones políticas, la noticia se da en un contexto de creciente tensión comercial con Estados Unidos, luego de que el expresidente Donald Trump anunciara aranceles del 50 % a productos brasileños, en aparente represalia por el juicio que enfrenta su aliado, Jair Bolsonaro [2].

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