El 19 de diciembre de 2023 el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Lloyd Austin, anunció la creación de una operación naval internacional dirigida a detener los ataques hutíes en el Mar Rojo. Un mes más tarde, Washington ha abandonado los esfuerzos disuasorios inicialmente desplegados, para pasar a bombardear directamente enclaves estratégicos hutíes. ¿Qué razones hay detrás de este cambio de postura?

Vista del USS Mason junto al destructor japonés Akebono en el Golfo de Adén. Créditos: Dpto. de Defensa de Estados Unidos
Vista del USS Mason junto al destructor japonés Akebono en el Golfo de Adén. Créditos: Dpto. de Defensa de Estados Unidos

Con el secuestro del buque ‘Galaxy Leader’ en noviembre del año pasado se inició una escalada de tensión en el Mar Rojo que amenaza con desestabilizar la frágil situación política de Oriente Medio, así como la economía mundial. Las fuerzas hutíes -el mayor grupo insurgente en la guerra civil de Yemen- demostraron al mundo la vulnerabilidad del comercio marítimo frente a los ataques de piratería perpetrados desde cualquier enclave cercano a sus rutas estratégicas.

Desde entonces, se han reportado decenas de ataques hutíes contra buques mercantes civiles, principalmente en su paso por el estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de entrada al Mar Rojo y, por consiguiente, del Canal de Suez. El objetivo hutí: condenar las acciones israelíes en la franja de Gaza, vetando su acceso comercial al Mar Rojo.

Y ello pese a que, si bien en un primer momento el grupo yemení afirmó centrar sus ataques exclusivamente contra buques relacionados con Israel, pronto se extendieron indiscriminadamente. A raíz de ello, las mayores navieras del mundo MSC, Maersk y hasta la China Cosco, han suspendido su paso por estas aguas optando por la ruta del Cabo para rodear África. 

Las consecuencias económicas a nivel global no se han hecho esperar: el Canal de Suez ha perdido casi el 65% de su tráfico y el precio del transporte naval se ha multiplicado en los últimos meses.

Militante hutí en una marcha de solidaridad con Palestina. Saná, 2 de diciembre de 2023. Créditos: Mohammed Huwais
Militante hutí en una marcha de solidaridad con Palestina. Saná, 2 de diciembre de 2023. Créditos: Mohammed Huwais

Ante esta situación, ¿cuál fue la respuesta de los Estados Unidos? 

Pues nada más y nada menos que el despliegue internacional de una operación cuyo objetivo era hacer una demostración de fuerza para así disuadir futuros ataques hutíes: Operación Guardián de la Prosperidad. 

Lo que empezó como un intento de aunar los esfuerzos de Occidente para repeler la agresión hutí, pronto desencadenó en multitud de disensiones internas. Las adhesiones iniciales a la operación Guardián de la Prosperidad fueron relativamente escasas, con países como España, Francia e Italia mostrándose reticentes desde un primer momento a participar en la operación, debido a la situación política que vincula los ataques en el Mar Rojo con las acciones israelíes en Gaza. 

Con todo, y pese a la ausencia de algunos de sus principales aliados, Estados Unidos consiguió dar forma a la operación Guardián de la Prosperidad con el apoyo principal de Reino Unido, así como de otros países como Noruega y Países Bajos. 

La rápida actuación de la coalición internacional consiguió, en primera instancia, repeler los ataques hutíes en la zona que, sin embargo, nunca han cesado. Y es que los ataques se han seguido sucediendo a pesar del despliegue de la fuerza aliada, con decenas de incidentes que han venido a consolidar la peligrosidad de la ruta del Mar Rojo.

A dicho contexto se debe añadir un factor fundamental para comprender la escalada de tensiones en el Mar Rojo: la intervención iraní a través del envío del destructor Alborz. Las fuerzas hutíes, ubicadas en la esfera de influencia de Teherán desde la guerra civil de Yemen, se han visto respaldadas tanto política como militarmente por Irán en sus acciones en el Mar Rojo.

Destructor Alborz de la armada iraní. Créditos: Global Eye News
Destructor Alborz de la armada iraní. Créditos: Global Eye News

Y es que Irán también ha proveído a los hutíes de la mayor parte de su armamento tecnológicamente avanzado, según han venido afirmando fuentes estadounidenses durante la última década.  El origen de los misiles antibuque empleados por los hutíes en el Mar Rojo puede situarse en el apoyo que Teherán le brindó durante la guerra civil de Yemen, afirmación que cobra sentido si se tiene en cuenta que los hutíes carecen de fábricas capaces de producir dicha tecnología.

Es por ello que, a la fragilidad propia de la operación Guardián de la Prosperidad, se ha sumado el apoyo iraní a las fuerzas hutíes, socavando los esfuerzos disuasorios de la coalición liderada por Estados Unidos.

En dicho contexto, Antony Blinken -secretario de Estado de Estados Unidos- inició una gira por Oriente Medio a principios de enero de 2024 manifestando su firme intención de evitar una extensión del conflicto en Gaza. A dichos esfuerzos diplomáticos se le sumaron las advertencias del Reino Unido y de Estados Unidos a los hutíes, afirmando que, si los ataques no cesaban, el grupo yemení debía hacerse cargo de la respuesta que pudieran ocasionar sus acciones.

Así, y una semana después del último intento estadounidense de evitar el inicio de un conflicto abierto, el 12 de enero de 2024 fuerzas británicas y estadounidenses realizaron ataques aéreos estratégicos en 16 localidades hutíes, alcanzando alrededor de 60 objetivos distribuidos por todo Yemen.

Llegados a este punto, el conflicto en el Mar Rojo parece lejos de concluir, y tras el fracaso de los esfuerzos disuasorios de los Estados Unidos, parece haber surgido un nuevo escenario de operaciones dentro de la ya de por sí multipolar situación por la que pasa la política internacional, con el eje Ucrania-Gaza-Yemen cada vez más asfixiante para la economía mundial.

Con todo, el estancamiento del conflicto en el Mar Rojo dependerá, esencialmente, del nivel de apoyo que Irán decida suministrar a las fuerzas hutíes, incapaces por sí mismas de continuar un conflicto dada la ausencia de industria armamentística propia dentro de su territorio. 

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