Con el aceleramiento del rearme a nivel global, la erosión del orden internacional liberal multilateral y el auge de discursos securitarios y soberanistas, la globalización se ha convertido en un concepto cada vez más cuestionado. Desde la pandemia de COVID-19, se habla con frecuencia de una supuesta “desglobalización”: una retirada de los Estados hacia lógicas de autosuficiencia, control nacional y repliegue estratégico, ejemplificada a través de narrativas como el Make America Great Again (MAGA). Sin embargo, cabe preguntarse si esta desglobalización es realmente posible en un mundo profundamente interconectado por infraestructuras materiales, tecnológicas y logísticas.

Más que ante un proceso de desglobalización, el sistema internacional parece estar atravesando una transformación en la forma en que se ejerce el poder dentro de la globalización. La interdependencia no desaparece, sino que se reconfigura. En lugar de ser concebida como un marco de cooperación y estabilidad, —tal y como ha sido descrita tradicionalmente por las teorías liberales de las Relaciones Internacionales—, se convierte progresivamente en un espacio de competencia, coerción y vulnerabilidad estratégica. En este contexto, la rivalidad entre Estados Unidos y China ofrece un ejemplo paradigmático de cómo la conectividad global se ha transformado en un instrumento central de poder.

Manifestación contra el TTIP en Hannover, Alemania, 2016.
Poco antes del inicio de la Feria de Hannover 2016, inaugurada, entre otros, por la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente estadounidense, Barack Obama, un grupo de organizadores realizó una manifestación el sábado 23 de abril de 2016 en la Plaza de la Ópera de Hannover bajo el lema: "TTIP y CETA suspendidos. Por el bienestar colectivo". Autor: Bernd Schwabe

Este artículo sostiene que la globalización no está siendo desmantelada, sino reorganizada en términos más conflictivos. En este sentido, la competencia entre Estados Unidos y China ilustra cómo las infraestructuras invisibles de la globalización —puertos, satélites, redes digitales— se han transformado en un terreno central de la disputa geopolítica.

Globalización, seguridad y el retorno del discurso soberanista

El discurso sobre la desglobalización suele apoyarse en fenómenos reales: la pandemia, la creciente militarización, las sanciones económicas y el debilitamiento de las instituciones multilaterales. Todo ello ha reforzado narrativas que priorizan la soberanía nacional, la seguridad económica y el control de fronteras. Sin embargo, estas dinámicas no implican necesariamente una reducción de la interdependencia global, sino un cambio en su gestión política.

Las cadenas de suministro, los flujos energéticos, los sistemas financieros y las infraestructuras digitales siguen siendo profundamente transnacionales. Incluso los Estados que promueven discursos soberanistas dependen de redes globales para garantizar su seguridad y su estabilidad económica. 

Mapa del tráfico aéreo programado en todo el mundo, alrededor de octubre de 2024. Contiene 33045 rutas.
Mapa del tráfico aéreo programado en todo el mundo, alrededor de octubre de 2024. Contiene 33.045 rutas. Fuente: Airline Route Mapper

En este sentido, la globalización no se deshace, sino que se convierte en un espacio crecientemente atravesado por relaciones de poder, dependencia y coerción. El poder contemporáneo ya no se ejerce únicamente mediante el control territorial, sino a través de la organización de la circulación. Garantizar —o interrumpir— flujos se convierte en una forma central de autoridad. Esta lógica resulta clave para comprender la relevancia estratégica de infraestructuras como los sistemas satelitales.

La conectividad como forma de poder

Las infraestructuras de conectividad no son meros soportes técnicos. Estas infraestructuras vinculan mercado, seguridad y política. Puertos, rutas marítimas, cables submarinos y sistemas de navegación satelital organizan el espacio global, priorizando la circulación eficiente de flujos y generando dependencias estructurales que condicionan la acción política de los Estados. 

Un ejemplo ilustrativo de esta lógica es el papel de los cables submarinos de telecomunicaciones, responsables de la transmisión de la inmensa mayoría del tráfico global de datos. Aunque rara vez ocupan un lugar central en el debate público, su control, protección o vulnerabilidad tiene implicaciones directas para la seguridad nacional, la economía digital y la proyección de poder. 

Cables submarinos africanos en 2024.
Cables submarinos africanos en 2024. Autor: Steve Song

Los sistemas de navegación satelital operan de manera similar. No controlan territorio en el sentido clásico, pero organizan la circulación a escala planetaria, permitiendo la coordinación del transporte, el comercio, la energía, las operaciones militares… Al hacerlo, producen un espacio estratégico transnacional en el que la conectividad se convierte en una forma de autoridad.

En este marco, la seguridad deja de entenderse únicamente como defensa frente a amenazas externas y pasa a concebirse como la capacidad de garantizar la continuidad de los flujos que sostienen la economía y el poder. La conectividad se convierte así en un recurso estratégico central.

El espacio exterior como infraestructura crítica

Los sistemas satelitales de navegación y posicionamiento global son un pilar fundamental de esta conectividad. El GPS estadounidense ha sido durante décadas una infraestructura en gran medida invisible, integrada tanto en el comercio, la aviación y la logística como en prácticas cotidianas de movilidad y geolocalización. Este carácter aparentemente neutral ha contribuido a ocultar su profunda dimensión política y estratégica.

Control de satélites: La Aerotécnica Superior Nayibe Ramos revisa una lista de verificación durante las operaciones satelitales del Sistema de Posicionamiento Global (SGP).
La Aerotécnica Superior Nayibe Ramos revisa una lista de verificación durante las operaciones satelitales del Sistema de Posicionamiento Global (SGP), Fuerza Aérea de los EE.UU., 6 de febrero de 2006. Fuente: Dominio Público

La dependencia de un único sistema de navegación genera vulnerabilidades estructurales. China ha respondido a esta realidad mediante el desarrollo de Beidou, no solo como una alternativa tecnológica al GPS, sino como parte de una estrategia más amplia de proyección de poder basada en infraestructuras. En lugar de confrontar directamente a Estados Unidos en el plano militar, China ha optado por ampliar su influencia produciendo conectividad.

Este giro refleja una transformación en la naturaleza del poder global. A diferencia de la carrera espacial de la Guerra Fría, basada en la competencia simbólica y militar, el espacio exterior se integra hoy en una guerra fría tecnológica, donde la rivalidad se expresa a través del control de infraestructuras, estándares y sistemas de conectividad global.

Beidou y la Ruta de la Seda Espacial

La estrategia china en el ámbito espacial y satelital no puede entenderse de forma aislada, sino como parte de un proyecto más amplio de reconfiguración de la conectividad global: la Iniciativa de la Franja y la Ruta o la Nueva Ruta de la Seda. Esta no se limita a infraestructuras terrestres y marítimas, sino que incorpora de manera creciente una dimensión tecnológica y espacial, a menudo denominada “Ruta de la Seda Espacial”. El sistema de navegación Beidou constituye uno de los pilares centrales de esta estrategia.

Comparación de sistemas satelitales. GPS, GLONASS y Galileo (LEO); Beidou o Compass (MEO), Telescopio Espacial Hubble y constelación Iridium (Geoestacionarios), órbita de la Luna y tamaño nominal de la Tierra.
Comparación de sistemas satelitales. GPS, GLONASS y Galileo (LEO); Beidou o Compass (MEO), Telescopio Espacial Hubble y constelación Iridium (Geoestacionarios), órbita de la Luna y tamaño nominal de la Tierra. Fuente: Wikipedia

A diferencia del GPS, concebido inicialmente como una infraestructura militar estadounidense y posteriormente ampliado a usos civiles, Beidou ha sido desarrollado desde su origen como un sistema dual, integrado en una visión estratégica que combina conectividad, desarrollo económico y proyección de influencia. Su despliegue internacional no se presenta como una imposición, sino como una oferta de cooperación tecnológica, especialmente atractiva para Estados que buscan diversificar sus dependencias estratégicas.

Oriente Próximo ocupa un lugar central en la expansión internacional del sistema Beidou no solo por su posición geográfica, sino por su papel estructural en las rutas comerciales, energéticas y logísticas globales. La región constituye un espacio prioritario dentro de la estrategia china de la “Ruta de la Seda Espacial”, al combinar alta demanda tecnológica, infraestructuras críticas y márgenes de maniobra frente a la hegemonía occidental. 

En la práctica, la implantación de Beidou en países como Emiratos Árabes Unidos o Egipto se ha producido a través de acuerdos de cooperación civil en sectores como el transporte, la aviación, la gestión portuaria, la agricultura de precisión o las ciudades inteligentes. Estos proyectos suelen incluir formación técnica, transferencia de conocimiento y compatibilidad con otros sistemas de navegación, lo que facilita su integración gradual en infraestructuras de uso cotidiano. De este modo, Beidou se inserta en la vida económica y administrativa de los Estados receptores sin necesidad de una presencia militar directa.

Comparativa de satélites GNSS en vista (GPS vs BeiDou) en capitales seleccionadas (fecha: 28/06/2019; cálculo basado en Trimble GNSS Planning)
Comparativa de satélites GNSS en vista (GPS vs BeiDou) en capitales seleccionadas (fecha: 28/06/2019; cálculo basado en Trimble GNSS Planning). Los resultados dependen de la hora y la máscara de elevación. No mide adopción, dependencia ni ‘influencia’; solo disponibilidad geométrica relativa.

Este enfoque incremental responde a una lógica estratégica clara. En lugar de buscar una sustitución inmediata del GPS, China promueve una arquitectura multipolar de sistemas de navegación que permite a los Estados diversificar sus dependencias tecnológicas. Para muchos países de la región, esta diversificación se percibe como una vía para aumentar su autonomía relativa en un contexto de creciente incertidumbre geopolítica, sin romper sus vínculos de seguridad con Estados Unidos.

Desde esta perspectiva, Beidou funciona como una infraestructura de poder blando-tecnológico: produce interdependencia, pero bajo condiciones negociadas, y refuerza la presencia china en sectores clave de la economía regional. La conectividad se convierte así en una forma de influencia duradera, menos visible que la militar, pero potencialmente más estructurante.

Estados Unidos: securitización tecnológica y control de la conectividad

La expansión de Beidou en Oriente Próximo no se produce en un vacío estratégico. EE. UU. continúa siendo el principal proveedor de seguridad de la región y mantiene una presencia militar, política y económica profundamente arraigada. En este contexto, el avance de infraestructuras tecnológicas chinas en ámbitos como la navegación satelital ha generado una creciente inquietud en Washington, que percibe estos desarrollos no solo como una competencia tecnológica, sino como un desafío estratégico de mayor alcance.

Mapa TPR 93 Índice Global de Paz

Desde la perspectiva estadounidense, la proliferación de sistemas alternativos al GPS introduce riesgos asociados a la pérdida de control sobre infraestructuras críticas que sostienen tanto la seguridad regional como la proyección global de poder. Esta preocupación se ha traducido en una progresiva securitización de la conectividad: EE. UU.  ha reforzado el control sobre estándares tecnológicos, ha advertido a sus socios sobre el uso de tecnologías chinas en sectores sensibles y ha vinculado cada vez más la cooperación tecnológica a consideraciones de “seguridad nacional”. Así pues, la competencia con China se desplaza hacia el terreno de las infraestructuras que organizan la circulación global. 

Conclusión: ¿desglobalización o reconfiguración del poder?

El análisis de la competencia entre Estados Unidos y China en torno a los sistemas satelitales y la conectividad espacial permite cuestionar las narrativas simplificadoras sobre una supuesta desglobalización. Lejos de desaparecer, la globalización se reconfigura en torno a infraestructuras críticas que estructuran la circulación de bienes, datos y personas. El poder contemporáneo se ejerce cada vez menos mediante el control territorial directo y cada vez más a través de la capacidad de organizar, garantizar o condicionar flujos.

El caso de Beidou en Oriente Próximo ilustra con claridad esta transformación. China no desafía (por ahora) el orden internacional a través de una confrontación militar abierta, sino mediante la producción de conectividad y la integración de infraestructuras tecnológicas en la vida económica y administrativa de los Estados. EE. UU., por su parte, responde securitizando estas infraestructuras y tratando de preservar su capacidad para definir las reglas y los estándares del sistema.

Mapa TPR 80 Gasto militar en el mundo (2024).avif

En prospectiva, esta competencia pone de manifiesto una asimetría clave entre ambos actores. Mientras China ha desarrollado su estrategia de conectividad como parte de una planificación a largo plazo, integrada en proyectos como la Ruta de la Seda y sostenida por una visión coherente del poder tecnológico, Estados Unidos ha tendido a reaccionar de forma más fragmentada y defensiva. 

Asimismo, más allá de estas narrativas, la disputa parece orientarse hacia un escenario prolongado de guerra fría tecnológica, en el que la capacidad de anticipar, planificar y estructurar infraestructuras críticas será tan decisiva como la superioridad militar tradicional.

Más que un repliegue hacia la autosuficiencia, lo que emerge es una globalización más fragmentada, más disputada y más politizada, en la que satélites, cables, puertos, redes digitales se convierten en escenarios centrales de la competencia geopolítica. En este contexto, la pregunta ya no es si la globalización ha terminado, sino quién la organiza, bajo qué condiciones y con qué consecuencias.

Bibliografía

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